Lectura vinculada (la verdadera lectura proviene del buen silencio y se alimenta de él)

“Creo que un verdadero poema se reconoce porque crea un silencio, un silencio cómplice entre el lector y el autor, un silencio donde el lector se reconoce en un espejo anteriormente desconocido para él”. Ivonne Bordelois

Una persona lee libros, periódicos…, pero también lee gestos, situaciones, estrategias… A todas horas leemos. Mal, bien, pero leemos. Lo leemos todo. Quizá leer sea la acción que mejor define al ser humano. En la lectura de un libro se manifiestan las condiciones de nuestras vidas. Las que nos esclavizan y aquellas que nos permiten ser más libres. Pero para esto, leer no puede limitarse a reproducir sin compromiso las palabras del texto como un robot. Leer es respirarlas, sopesarlas (en silencio) y entregarlas a quien las ha de recibir (incluso a uno mismo). Leer es, también y sobre todo, elegir. Es una acción que incide en nuestras vidas, y tal vez en las de otras personas. Leer es elegir, recrear… crear. Es abrir realmente la obra abierta de la que habló Umberto Eco. Cuando quien lee guarda un silencio en el que respira lo que está leyendo (lo que ha terminado de pronunciar, lo que sigue, cómo le han afectado esas palabras, cómo reacciona quien escucha…), probablemente perciba el texto de otra manera distinta de la que la que el prejuicio le indica. Descubre y elige. O quizá sea al revés: elige y, por ello, descubre.

El poder elegir las palabras del texto que leemos que más nos inquieten o conmuevan es, de algún modo, limpiarlas, cuidarlas, curarlas, apoyarlas, acompañarlas, creer en sus vidas. Haciéndolo con ellas lo hacemos con nosotros. Cuando alguien emplea las palabras a través de las cuales se relaciona con otra persona sin pensar en su calidad, está enfermando a las palabras… Porque son como personas, son los intermediarios entre una persona y otra, y es muy importante que tengan el color, el sabor, la textura, la fragancia, el aroma, la actitud necesarios para llegar adecuadamente y entregarse a quien las quiera recibir. Una misma palabra pronunciada de otra manera llega de un modo distinto y ayuda a la persona a integrarse y entender lo que le pasa, o no.

Ocurre también que solemos creer que el sentido de la lectura es atestiguar una presencia (no importa si real o ficticia). Pero es al contrario, ya que la única presencia real es la lectura, y todo el resto se hace a su imagen y semejanza. La lectura (si no se queda en mero reconocimiento básico y reproducción de un texto) nos crea, nos comunica, nos expresa. Es una maestra despiadada que nos enfrenta a las cosas crudamente; pero, también, es una mina de oro. Tiene escondites maravillosos y muy enigmáticos que no dan soluciones, pero abren caminos. De hecho, la verdadera lectura proviene del buen silencio y se alimenta de él; por eso, se recrea constantemente a sí misma. Y nos recrea. Nos crea a quienes nos entregamos a ella.

Antonio Rodríguez Menéndez

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Acerca de Antonio Rodríguez Menéndez

Estudié Sociología y Magisterio. Soy actor, director de teatro, dramaturgo y profesor de escritura creativa, entre otras cosas. En 2003 fundé el Proyecto Fahrenheit 451 (las personas libro) y la Escuela de Lectura de Madrid, de la que deriva La voz a ti debida, todos ellos proyectos para el fomento de la lectura y la defensa de los libros.
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